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Balance a los cincuenta años de la creación de la ALALC


15.09.2010 |  Por

En el año 1960, hace ya medio siglo, se puso en marcha la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), un proyecto tendiente a impulsar el comercio entre los países de la región. Un balance de lo hecho muestra avances, pero aún subsisten aspectos claves sin resolver.   
Influyó en la creación de la ALALC el ejemplo que diera Europa al firmar en el año 1957 el Tratado de Roma que dio lugar a la Comunidad Económica Europea. Raúl Prebisch fue el portador a estas latitudes de esas novedades y también quien propició que en América Latina se emprendieran acciones similares. Formaron parte de la ALALC la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Sin embargo el proyecto no tuvo éxito, pues conspiraron en su contra políticas económicas entonces en boga abrazadas por algunos de los países del cono sur, como el de mantener muy elevados aranceles de importación junto con tolerar una alta inflación. La suba de los precios internos determinaba siempre un retraso en el tipo de cambio, pero los gobiernos evitaban el ingreso a bajo precio de productos desde países desarrollados con los elevados aranceles.
El problema se presentó cuando conforme a lo previsto en el Tratado que dio lugar a la ALALC los gobiernos donde se practicaban estas políticas debieron bajar los aranceles de importación en favor de otros países miembros pues, la ausencia de aranceles combinada con frecuentes fuertes cambios en las paridades de las monedas afectaba a las industrias en tal grado que los empresarios opusieron tenaz resistencia a que se desmontara el proteccionismo.
Pero no les faltó razón a esos empresarios en su actitud tan contraria al proceso de integración pues, si bien cabía esperar sufrir la competencia de productos fabricados en otros países de la región, era en cambio totalmente inaceptable sufrir daños como consecuencia de modificaciones abruptas en las paridades cambiarias. La consecuencia fue el fracaso del programa de formación de una zona de libre comercio.
Otro motivo importante que afectó la marcha de la Asociación fue que, al no existir un esquema de solución de controversias no hubo sanción alguna para el primer país que dejó de cumplir con el Tratado. Visto este antecedente otros siguieron el mismo camino cada vez que debían cumplir con un compromiso que afectaba sus intereses, con lo que en pocos años el Tratado fue letra muerta.
Así terminó la primera etapa del proceso de integración de los países de América Latina. Unas décadas después, a fines de los años `80, se había dejado de lado la política de sustitución de importaciones para pasar a lo que se llamó el “regionalismo abierto”, o sea un sistema de preferencias arancelarias entre los países de la región, pero con aranceles más bajos respecto del resto del mundo. Completaba el nuevo paradigma estabilidad en los precios y, como consecuencia, en la cotización de las monedas.
La baja del arancel de importaciones adoptada entonces dio lugar a que en algunos países productos provenientes de naciones desarrolladas ingresaran a mercados hasta ese momento fuertemente protegidos. La consecuencia fue que muchas fábricas cerraron sus puertas, pero otras invirtieron en mejorar su eficiencia para afrontar la competencia.    
La siguiente década se inicia con la creación del Mercosur integrado por la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Para su formación se resolvió que en el plazo de cuatro años todos los gravámenes de todos los productos no debían tener, respecto de los otros socios, gravámenes de importación.
Para sorpresa de quienes habían visto la resistencia empresaria a aceptar la baja de aranceles prevista por el Tratado de la ALALC, esta vez la aceptación fue amplia permitiendo que la desgravación fuese casi completa. La causa fue que dado que las empresas soportaban la competencia de bienes procedentes de países desarrollados protegidas sólo con bajos aranceles, también podían hacerlo sin protección alguna respecto de productos procedentes de sus socios del Mercosur. Quedó demostrado así que el “regionalismo abierto” no solo era posible sino que, con baja inflación y estabilidad cambiaria, era condición necesaria para el éxito de la integración económica.
Pero no se tuvo el mismo éxito respecto al acatamiento por parte de los gobiernos de las normas establecidas en el Tratado. Si bien en el Mercosur se estableció un sistema de paneles, tal como lo hacen EE.UU., Canadá y México en el NAFTA, muy pocas veces estos fueron utilizados.
La explicación que desde las cancillerías se dio a este proceder fue que en la mayor parte de los casos la solución de las violaciones al Tratado se lograba por la vía diplomática y que, cuando no era así, se sometía la controversia a los Presidentes en sus reuniones habituales. Es verdad que la mayor parte de los casos se solucionan por la vía diplomática, pero no es razonable esperar que los asuntos más complicados vayan a ser exitosamente atendidos por los Presidentes en reuniones de apenas dos días con agendas muy cargadas. Así sucedió que las violaciones de acumularon hasta ocasionar que el Mercosur entrara en la crisis en la que aún está.
El resultado ha sido que se retrocedió tanto en el acceso a los mercados de los cuatro países como en la conclusión del Arancel Externo Común. Además no ha sido posible armonizar las políticas de inversiones; se continúa utilizado la admisión temporaria y el draw back para operaciones entre los  países miembros, recién ahora se ha logrado acordar bases para la distribución de la renta aduanera cuando productos del exterior no ingresan donde se consumen; no se han armonizado los incentivos a la exportación; se continuará aplicado impuestos a la exportación.
En estos cincuenta años el proceso de integración de los once países que formaron parte de la ALALC ha tenido avances y retrocesos, así como modificaciones en su organización y normativas, pero esto no ha impedido el logro de su principal objetivo: que el comercio entre ellos se ampliara y diversificara. Así lo demuestran las siguientes cifras:
En el año 1959 –dejando de lado las cifras de México en razón de su muy elevado comercio con EE.UU.- el 18% de las importaciones de los restantes diez miembro de la ALALC estaban originados en otros países de la Asociación. Para el año 2009 esta proporción subió al 28%. En el año 1959 el 11% de las exportaciones estaban dirigidas a otros países de la Asociación. Para el año 2009 esta proporción subió al 20%.
Como puede verse el nivel de los intercambios regionales se ha incrementado sustancialmente en estos cincuenta años por lo que, a pesar de todas las dificultades, la integración económica de los países ha avanzado.
Podrá decirse que estos resultados empalidecen cuando se los compara con los logrados por la Unión Europea donde casi el 70% de las importaciones de los países que la forman provienen de otros países miembros. Pero esta comparación es injusta, en primer lugar porque el comercio entre los países del Europa era históricamente muy elevado al iniciarse la Comunidad Económica Europea como que llegaba al 30% y, luego, porque en ese continente la integración económica tiene objetivos políticos ausentes en América Latina.
En Europa prevalece una viaja aspiración de convertirse en un país, algo fuera de la consideración en esta parte del mundo. Este propósito no parecía posible a inicios de la década de los años ´30 ya que varios de los países más importantes de Europa tenían regimenes de gobierno de muy diferente signo: monarquías parlamentarias, repúblicas democráticas, fascismo, nacional socialismo, comunismo y, para el último año de la década se inicia en Europa la segunda guerra mundial.  Sin embargo, aún bajo circunstancias tan negativas José Ortega y Gasset en su libro “La Rebelión de las masas” se refiere a la necesidad de que Europa se una. Lo dice así: “Por esto, recomiendo al lector que ahorre la malignidad de una sonrisa al encontrar que en los últimos capítulos de este volumen se hace con cierto denuedo, frente al cariz opuesto de las apariencias actuales, la afirmación de una posible, de una probable unidad estatal de Europa”. Agrega luego: “Ha sido el realismo histórico quien me ha enseñado a ver que la unidad de Europa como sociedad no es un “ideal” sino un hecho de muy vieja cotidianeidad. Ahora bien, una vez visto esto, la probabilidad de un Estado general se impone necesariamente”.    
Han transcurrido casi 70 años desde ese momento y aún Europa no es un Estado. Sin embargo ha logrado la formación de un exitoso mercado común que se inició con 6 miembros y hoy tiene 27, cuenta con instituciones que se acercan a aquel propósito como lo es un Parlamento Europeo, con atribuciones y responsabilidades cada vez más amplias.
Van ya 50 años desde la fecha en que la ALALC fue formada y aún la integración económica de los países está lejana. Pero en estos años, tal como las estadísticas lo demuestran, se ha avanzado mucho en los intercambios comerciales y también en contar con políticas macroeconómicas, más adecuadas para a la integración. Falta aún que en los gobiernos se afiance la voluntad política de cumplir con los acuerdos y tratados que ellos firman y los parlamentos ratifican para que el proceso tenga un final exitoso.




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